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Embajadores (y ministros) eran los de antes

Sin pretender en esta crónica denostar la noble tarea de un diplomático, digamos que sentimos que algo ha decaído en sus tareas en las últimas décadas, una falta de pasión y capacidad, en especial aquellos designados no por méritos sino por el mal llamado «amiguismo». Pero vamos al caso. Nos referiremos en esta crónica al destacado escritor, conocido como el padre de la novela chilena, Alberto Blest Gana. Para la inmensa mayoría de los chilenos es bastante desconocida su labor como diplomático, y más aún sobre la importancia que tuvo en el desarrollo de la Guerra del Pacífico. Pero no nos desviemos de nuestro objetivo.

El año 1866 comenzó su carrera en EEUU para pasar muy pronto al cargo de embajador en Francia. Allí permaneció muchos años en el cargo. Tantos fueron que llegó a ser el decano de los embajadores en ese país (es decir, quién representa al cuerpo diplomático en su conjunto ante las autoridades). Solo terminó su carrera por un tema de celos del hermano del presidente Balmaceda, según se dice. Después de tan larga estadía, no volvió a Chile, sino que se quedó a vivir en París junto a su hija y familia. De hecho, falleció allá y está enterrado en el cementerio de Père Lachaise.

Como dijimos, él terminó su labor como embajador en 1890, pero siempre se mantuvo muy leal al país, mientras escribía y publicada sus novelas. Pues bien, según se puede hallar en alguna prensa de la época, fue capaz de batirse en un duelo a muerte por el honor del país. Así es. Usaremos como fuente la nota publicada el año 1901 en el diario El Fígaro. A la sazón en ese tiempo se estaba desarrollando un arbitraje entre Chile y Argentina por la frontera austral (ya saben a cuál me refiero, supongo…). Y la prensa tendía a ser más parcial que imparcial. Así un periódico de la capital francesa, llamado Les Temps, solía disponer de unas crónicas muy sesgadas contra Chile. Voy a reproducir ahora el párrafo desde El Fígaro:

Blest se dirige a la oficina del director, M. Lantier, presentándole sus antecedentes de exministro y sus deseos de ver rectificadas esas ofensas groseras dirigidas contra un país amigo. M. Lantier se habría resistido a rectificar. Lo que significa padrinos y ¡pun, pun!

Bueno pues. El duelo se verificó y allí Alberto Blest Gana, para entonces de 75 años, vence al orgulloso francés y sienta una página de honor de la poco difundida historia duelística nacional.

Nota final. La crónica se ilustra con una litografía de Luis Fernando Rojas, el primer chileno que dio lustre y prestigio a la ilustración nacional, y que hacía todos los dibujos en piedra que publicaba este periódico (y muchos otros más). Allí podemos ver la espalda de Blest Gana, ya canoso y de poco pelo, pero muy reconocible.

Si. Embajadores (y ministros) eran los de antes.

Moisés Hasson
Septiembre 2026